martes, noviembre 03, 2009

Mediocre

A veces uno se siente "tan especial", que ingenuos. Pero sólo a veces... Por otra parte la Zariñana también se pone medio mediocre en varias canciones, ¿será la edad? ¿o me equivoco? Creo que un mediocre debería ser capaz de reconocer a los suyos cuando los ve... hahaha... Por otra parte, hasta los perros tienen sus días de paga, sus momentos de lucidez, donde dejan de ser mediocres por un rato, o al menos comprenden que lo son y comienzan a disfrutarlo.

Re descubrirse.
Re destruirse.
Re amarse de valor.
Otra vez.


sábado, octubre 24, 2009

Sin título No. 6

Todo lo material se diluye en tus palabras
en el humo de tus besos
la nicotina de tus sueños
en sus mentiras tan elaboradas
que se sostienen
_____________________________________________ hasta en el aire
en tu cuerpo entregándose a la noche,
a mi curiosidad

Y me pega como una hoja
me lastima como el rencor

y si me preguntaras
- nunca lo preguntás
quizás por miedo
o por simple desinterés –
te diría que por ti
lo estoy apostando todo
en una sola carta
al último estertor con que
la ruleta rusa de la vida
me plantea un juego nuevo
y excitante
que como todo juego
sólo tiene lugar
para un vencedor

Pero se vive y se siente
en cada uno de tus movimientos
en la música
el café
la frustración de no poder ser
distintos
tener otra piel
- arrancarnos la piel -
gritar otro nombre
- otro nombre que no sea el nuestro -
una persona mejor.

¿Pero quién es mejor, o peor, o más bueno?
si la bondad existe
aún en el demonio más perverso
que en su más corrupta maldad
siente que con ello
está haciendo algo bueno,
encuentra su felicidad
su libertad, sus alas

Y hay una luz
Una calle, una avenida
- a la que siempre vuelvo -
que nos denuncia y nos reafirma
que lo nuestro es irrealizable
y es mentira.

Dame mi final con lluvia
de una plaza sin reflejos
a las tres de la mañana
donde partimos decepcionados
sin querer ver amanecer
por no descubrir si acaso…
nos perdemos de algo más.

como barcos vikingos que se repelen
heroicos y hermosos
sublimes
pedazos de una misma mitología
que no termina de contarse
y por eso, es real.

es real, es real,
tiene que serlo.

viernes, septiembre 04, 2009

Tercer piso

Una escalera de peldaños breves
pensados para subir a pasos cortitos
un insólito cisne de cerámica a manera de maceta
un baño corroído en distintas formas y colores
y olores
y animales flotando en el inodoro.

La estridencia de los autos
acompaña el amanecer
sube como vapor para volverse puño y tocarnos la puerta
pero no nos despierta,
no te despierta
y la ciudad es un bicho raro de patas sucias
que comienza a moverse y afinar sus antenas
conectar sus múltiples ojos y afilarlos como látigo contra nosotros.

Siempre es contra nosotros.

Salgo a la azotea complacido del frío que masajea mis pies,
el alcohol y el temblor de tus besos se pronuncian a través de mi aliento
como si mis besos hubieran sido para alguien más,
como si los hubieras recibido pensando en otra persona,
y quisiera preguntártelo,
interrumpir tus pesadillas
decirte que los aullidos son de mentira
que esa sombra que golpea
es la sombra de tu conciencia
que se esa mujer descabezada,
que esa puerta, que esa orilla,
y que yo… a pesar de ser una mierda yo…

Pero veo que mientras duermes, sonríes
¿acaso eres feliz?
otras personas suben y bajan los mismos peldaños
pasos cortitos
voces discretas
o desesperadas
tomados de la mano
solitarios
desafiando las sombras
pertrechándose veloces en otros cuartos
en la humedad y la bruma.

El alivio de sobrevivir otra mañana
La rebeldía de re comenzarla encamándose de nuevo.

La mañana es después todo… buena
nublada pero no fría,
lánguida pero viva,
las colegialas cantan
los obreros bailan
uno o dos mendigos conversan
rompiendo la rutina.

Es linda la mañana
y duermes desnuda transparente bajo las sábanas mientras me digo
¡Carajo, así quisiera despertarme todos los días!

Se me va la mañana pensando en mi regreso
en excusas creativas
- la necesidad de la variedad -
otros peldaños, otro puerta
otra forma de encarar el día
preguntándome del por qué de este vacío en mi estómago
esta nausea, esta dulce resaca de vos,
y si acaso en el infierno habrá
un lugar especial y único para dos amantes desesperados
que llevan por dentro un fuego espectral.

Entonces despiertas
y dices mi nombre
la mañana tan linda se convierte en pesadilla
sopla el viento del norte
y en todas las puertas del tercer piso
una sombra inexplicable
las comienza a golpear.

jueves, agosto 27, 2009

¡¿Amigos para qué… maldita sea?! ♪

¿Por qué las mujeres luego de decirle que no a nuestras aspiraciones románticas (a veces, en realidad, ni tan románticas) quieren ser nuestras amigas?


¿Para qué ser amigos? ¿Quién quiere tener de amigo a alguien que le tiene ganas, libido a uno, y que acaba de romperle el corazón?


A no ser que sea por ego. Hay un lado – una necesidad - de vanidad en las chicas a quienes les gusta tener “admiradores”. Me ha pasado, que luego de declararme, y ser rebotado como pelota, yo sanamente me aparte de la chica en cuestión. Para acosador no estoy, y la insistencia mía no aplica para estos casos. Será también que no siempre he estado “enamorado”. Bueno el punto es que estas mismas chicas, una vez cambiado mi horizonte, me empiezan a buscar; comienzan a intrigarse por mi modo de ser, y preguntarse que hago y que no y por qué no estoy a su lado. ¿Amistad? ¿Preocupación por mi salud sentimental? Es posible, pero también, y visto desde el otro lado; el que un día tengamos un admirador/dora y al otro día no nos pele siempre nos arroja una interrogante ¿Qué pasó? ¿Ya no soy tan cool como parecía?


Son impresiones, comentenme también las suyas, sus experiencias en esta área.


Y bueno, todo este tema nació de una charla con Lala, de la cual a su vez armamos una lista de canciones sobre esto de ser "el amigo".



Amigos para que maldita sea – Gianluca.

Cómo quieres ser mi amiga, si por ti daría la vida – Jarabe de Palo.

Amiga mía lo sé solo vives por él que lo sabe también – Alejandro Sáenz.

Soy tu mejor amigo tu pañuelo de lágrimas, de amores perdidos – Reik.

Amiga mía, yo sé que nunca vamos a dejar que este amor se nos vaya - Los prisioneros



Esas fueron las que recordamos, si les vienen otras háganmelas conocer para que también las ponga en la maldita lista de la amistad.


:D


Dicho esto, les comento que anduve de viaje – no sé si tenga alguna utilidad que lo sepan – y que ya volví y estoy de lo más bien…


Me despido fervorosamente.


Tengan cuidado con esos ojos, tenga cuidado con su mejor amigo/a.



sábado, agosto 08, 2009

Sin título No. 5

Pero yo si quiero estar con vos,
destrozarnos en la oscuridad
encendernos debajo de otras lluvias
prolongarnos en el amor
como se prolongan las estrellas
sobre el firmamento de nuestra buhardilla
- Otra vez -

Tomarte de la mano
despertarme con tus besos
llevarte lejos,
a Cochabamba,
a la cumbre más alta de La Paz
bebernos el amor a más de tres mil metros de altura
desafiar tu cintura de caminos a lo Valles
volverme docto,
magnánimo en tu ciudad Blanca
amarte bohemia en tus fronteras


Esta noche quiero ser tuyo y perderme,
quiero que seas mía y a mis ojos te encuentres,
quiero ser promiscuo y vulgar,
ser inocente y que me enseñes.

Pero, no se puede
Se puede, pero no
No, pero se puede
- Tal vez -

Vos sos el amor
y sos imposible
yo soy la muerte
que de desánimos muere
de desesperanza
de dolor.

La vida gira y apareces con otro
los vasos se resbalan
peligrosamente hacia la orilla
los pájaros se caen
la luna se oxida

Pero, pese a todo, yo si quiero estar con vos.

miércoles, agosto 05, 2009

Volver

Todavía no he descubierto lo que será Volver. Sé que la compondrán una serie de historias de personajes muy diferentes entre si; cuyas tramas probablemente se entremezclarán en algunas ocasiones, pero que desembocarán en finales distintos. ¿Ideas? Son siempre las que faltan, y por ello agradeceré desde antemano cualquier comentario, crítica, queja, agresión (justificada :D), etc.

Por lo pronto, está es la primera entrega y espero que les guste a quienes la lean, y por supuesto, tengan la certidumbre de criticarla para tratar de salvarla, y que habrán algunas más.

Y que vuelvan, ja, por algo se llama “volver”.

=p

VOLVER

I


La pequeña habitación es apenas iluminada por una lamparita que estira su luz amarilla tratando de cubrir con su débil resplandor los sueños de sus moradores modestos. Es un nuevo día. Lo sabemos porque un escurridizo rayo del sol se ha colado a través de la cortina colocada a modo de puerta revelando en el aire diminutas partículas de polvo que bailan en sagrado rito mientras caen del techo de madera al piso cementado. Un niño despierta, se desprende amargamente de las sábanas – como traicionado por ellas – y sale corriendo hacia fuera. La luminosidad le pega de lleno en la cara, lo agrede, son las ocho de la mañana. A lo lejos la tierra se alza en un prominente cerro lleno de verde y de vida, pero al niño no le impresiona lo pródiga que puede llegar a ser la naturaleza porque es desde su nacimiento testigo de su fecundidad – también de sus exigencias -; su inquietud viene del presentimiento que algo importante se le está olvidando. Mira para todos lados, no caben dudas, lo han dejado relegado para el último momento. Corre por el pasillo angosto que hace las veces de comedor y sale por la puerta de la calle. Una conglomeración inusitada de personas – porque para él es una conglomeración inusitada – está reunida en conversaciones valorativas afuera de su casa. Descubre en su padre al provocador de tales disquisiciones. Lo encuentra meditabundo, revestido con una chamarra café, el pantalón para salir los domingos, dos valijas sobre el hombro, y requerido por el tío Jacinto que desde su auto brama cada dos minutos como apurándolo. El niño corre poseído por las lágrimas.

La vida da tres brincos y se cae en Mairana. “No quería despertarte hijito”, justifica su padre. “yo no quiero que te vayas”, le responde mientras un ahogo en su pecho le impide decir algo más.

La madre se acerca despacio a su hijo para acariciar su cabecita y levantarle los ánimos.

“Qué te vaya bien mi estimado”, interrumpe un hombre gordo y barbudo de unos cincuenta años de edad, es su suegro; “dicen que Canadá es muy frío y seguramente los latinos, y peor los bolivianos, son tratados como ciudadanos de segunda clase”.

“No sé nada de eso, pero usted bien sabe que me voy más que todo por el sueldo”, responde.

“Claro – piensa en voz alta Don Marcial – no hay nada que hacer cuando falta la plata…”.

Sopla el aire de Mairana, su agradable mezcla de calor y humanidad arrastra papelitos que llevan impresos sombras e ilusiones vencidas entre sus líneas. Su calidez renueva los ánimos de Gerardo, tiene 24 años y en su juventud basa su esperanza. Mira a su mujer, ella aún es más joven y lo ama, será acaso por una costumbre adquirida en los dos años que llevan de casados. O será simplemente por eso, porque lo ama desde la primera vez que lo conoció, y le parece el hombre más perfecto de la tierra y entonces era su destino embarazarse y estar a su lado para amarlo aunque se vaya, para esperarlo aunque no vuelva más, para soñarlo aunque no sea correspondida. Pero Gerardo no cree en esas cosas del destino o del amor, ni tampoco en su perfección; será por eso que se marcha; para buscar otra cosa, para ser otra persona, para ganar más plata; y acaso también para enamorar otra mujer.

La vida pega un salto y se sube a un avión; de los fértiles valles a montañas nevadas. De alguna manera Gerardo es el héroe de su casa, no solamente por tomar impulso y dar el salto hacia el otro mundo, si no también por ser padre y mantener una familia. “Tan bueno el muchacho”.

Llega la hora de la última despedida.

Por las calles el viento derrama el eco sonoro de parientes y amigos elevando sus buenos deseos a modo de plegarias: “no te vayas”, “que te vaya bien” “Que Dios te acompañe”…

“No te olvides de nosotros… de volver”.

De repente el llanto del niño sobresale por encima de todos los sonidos; se agarra desconsolado de la camisa de su progenitor como queriendo detenerlo con sus lágrimas.

Todo se oscurece. El dolor empaña hasta la misma narración. Lo que se ve a continuación es una mancha gris que parece correr una carrera contra el viento. El paisaje de Mairana con cerros cercándola, protegiéndola, y para bien o para mal también por eso condenándola a la sencillez, a sus abismos al costado del camino. En el auto Jacinto puso un huayno. Ser boliviano es a veces eso, un cruce de razas y sentimientos que se llevan en la sangre que nos lo duele solamente cuando nos vamos. De alguna manera partir lo convierte paralelamente en el más cobarde de su casa. Gerardo no busca justificativos, mantiene la mirada fija en el asfalto; la delgada línea gris se vuelve cada vez más indefinible, y el viento la resiste con mayor fuerza.

“¿No estamos yendo demasiado rápido estimado Jacinto?”.

Jacinto no responde concentrado y metódico como está con sus hojas de coca, ejercitando la lengua formando el acuyico sagrado.

De lo que sigue, no podemos culparlo. Es el asfalto el que se acelera y falla. Es el reguero de puntos grises infinitos el que se estrella contra un camión al tragárselo en plena curva y precipitarse luego hacia el precipicio. Vuelve la oscuridad. No se ve nada, sólo puntos grises brillando y el sonido de una colisión.

Todos los pasajeros han muerto. Eso podemos apostarlo sin verlo. La llamarada nos confunden, su oscura sombra pronto podrá divisarse desde el pueblo.

Sopla el aire de Mairana. Su brisa suave nos arrastra hacia su plaza. Al mismo tiempo de la tragedia – pues todo tiempo viene repleto de sucesos diversos - alguien regresa al pueblo después de quince años. Otro ser humano, otra historia sin menos tristeza que la anterior. Vemos la piel cobriza de las manos sosteniendo dos pesadas valijas. Tiembla. “He vuelto”, le dice a su pueblo en un suspiro que quiere decirle todo en una sola bocanada de aire.

La plaza luce tan pequeña ante sus ojos de astronauta, Mairana es un planeta deshabitado; y él es polvo que a si mismo vuelve.

A ratos parece palpitar, una señora pasa llevando el cochecito de su bebé recién nacido; otra señora va al mercado cargando una canasta de mimbre y teorías económicas en la cabeza, más allá alcanza a verse al alcalde fumando ufano, campeante, mientras cruza la acera para retornar a la interminable sesión del Concejo. Esto último también lo sabemos sin verlo.

“No has cambiado nada”, vuelve a hablarle a su tierra ahora con la mirada. “Pero yo vine a cambiarte, a darte un poco de diversión”, le dice en el acto de ponerse de pie y encender un cigarrillo.

Oscurece, vuelca de golpe el viento sur y nuestras expectativas cambian junto con esa brisa fría que encierra en sus casas a las contadas almas de Mairana. Se encienden las lamparitas y su luz amarilla cubre todo el pueblo, protegiéndolo, despidiéndose del día, y también de nosotros, al menos por ahora.

sábado, agosto 01, 2009

Anotaciones sobre el amor


¿Existirá?... No, no creo. O por ahí... Pero no. No existe un tema más apasionante, vasto, tortuoso encantador que el amor. ¿Existe juego o realidad que nos posea con mayor fuerza? ¿Habrá acaso algo que deseemos descifrar más que este enigma? El amor no se dice con nada, ni con palabras, ni con callar dice el poeta mexicano Jaime Sabines; pero pienso que podemos – puedo y lo haré – abordar el tema desde otro lado, mirarlo de la vereda del frente, agitar los pañuelos blancos emocionados y contemplarlo aunque sea así… de lejitos.

He pensado en una película; una donde judíos bailan, discuten y se enamoran a lo largo de dos horas. No recuerdo los nombres de los personajes, pero la escena que quiero contarles comienza cuando el jefe de la familia en que se sostiene la historia luego de muchos años de matrimonio - cuatro hijas, un modesto hogar y en puertas de la vejez - se ve de pronto invadido por un sentimiento de angustia. Brota en su corazón la terrible angustia, e inundado por la duda se dirige hacia su mujer (con quien se casó por acuerdo de mutuas familias según la tradición) para resolver la cuestión. Le habla con tono calmo pero sonoro, como si sus años de haber vivido juntos se resumieran a una sola pregunta: ¿Tú me amas?

La mujer, aplicada en la cocina, gira lentamente para mirar con sus ojos llenos de extrañeza al padre de sus hijas. Calla por un instante y a continuación evoca los tiempos cuando eran jóvenes y se casaron. Habla sobre la hermosa familia que tienen, las carencias superadas, su fidelidad. Pero no es suficiente, el judío, un hombre barbudo (¿se dice barbado?) y gordo, vuelve a su tono sonoro, con tranquilidad pero también con firmeza repite una vez más: “Si, todo eso ya lo sé, pero… ¿Tú me amas?”. El relato transcurre en un ambiente frío de una – por lógica – fría región de Rusia en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Puede sentirse una pequeña brizna de aire helado colándose en medio de nuestros personajes; la esposa quién nunca tuvo que cuestionarse sobre sus verdaderos sentimientos, es de pronto arrebatada hacia ese otro mundo, el de los cuestionamientos sobre el amor.

Responde con languidez pero con dulzura: “¿Qué si te amo? Yo limpio tu casa, preparo tu comida, educo a tus hijas, ¿y ahora me preguntas que si te amo? Creo que si, que si te amo”. Posteriormente, como sabe todo aquel que haya visto el violinista del tejado, los personajes verán sus vidas sacudidas por la amenaza antisemita. Pero era este pequeño gran momento cotidiano fundamental en la vida de dos personas imaginadas - ese silencio de un hombre y una mujer que se sientan lentamente apoyando su desconcierto en la mesa de la cocina mientras una olla arde esperando la hora del almuerzo- se aman, de alguna manera logran amarse por primera vez con libertad a través de un sólo mutuo descubrimiento en la mirada del otro, el que hace mucho tiempo me marcó, y ahora para estas anotaciones sobre el amor, quería rescatar.

Pero vayamos al comienzo, preguntémonos entonces… Qué es el amor.

Es, ya lo se, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz (…)
El Amenazado, Jorge Luis Borges.



A decir de Platón a través de Sócrates en El Banquete, difícilmente la naturaleza humana encontrará un auxiliar más poderoso que el amor. Durante el libro se tejen mitos y conjeturas sobre sus orígenes. Rescato dos rápidamente: Al principio el ser humano era un ser completo, tenían cuatros brazos y cuatro piernas, era repito un ser completo y casi perfecto que para variar, quiso desafiar a los Dioses. Entonces los Dioses los castigaron separándolos en dos partes (como prueba de ese castigo nos quedó el ombligo). Desde entonces el ser humano se siente vacío y anda por ahí, vagando por el mundo buscando su otra mitad. Bastante romántico diría yo.

La otra explicación del amor, más vertiginosa y delirante nos la suelta el mismísimo Sócrates. El amor es un demonio. Y uno bien feo pues busca lo que le hace falta. Y no es más que lo que nosotros buscamos. Belleza, ternura, perfección.

Pero bueno… Creo que en realidad esto no dice demasiado.

“Pero el amor, esa palabra (…) Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado (…)”
Rayuela Capítulo 93, Julio Cortázar.



Erich Fromm, en su célebre obra “el arte de amar”, lo dijo con mayor claridad y certeza: “La gente cree que amar es sencillo y lo difícil es encontrar un objeto apropiado para amar”. Es decir, para nuestra vida citadina es más fácil esperar que suceda, como quién gana un premio, o amanece sintiendo después de muchos años que aquel o aquella que duerme a su lado, es la persona indicada. Pero el amor - dice Fromm - es un arte, como es un arte vivir, y ¿puede aprenderse algo acerca de un arte si no es practicándolo? Su práctica, paradójicamente, requiere la capacidad de primero aprender a estar solo, como una condición indispensable.

nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual.
(Ustedes y nosotros, Mario Benedetti)


Me había visto tentado (¿Por el Diablo?) en no hacer alusiones a las Escrituras, pero ya tenía los datos a mano, así que ahí va:

En el principio era la palabra, y la palabra – dicen las escrituras - era Dios. Y Dios – luego, porque al principio no parecía tanto – es el amor.

“El que no ama no ha conocido a Dios, pues Dios es amor” (I Juan 4,8).
“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado” (Juan 13, 34) .

Y ya el célebre y a veces por demás citado versículo:

"El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (I Corintios 13:4-7).

¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?
(Poema 10, Pablo Neruda)


El amor, creo al final de cuentas, es la fuerza con la que se mueve el mundo. Y es a su vez un escapismo del mismo. Es volverse valiente para entregar nuestras armas. Es elevar los brazos y desaparecer entre las sábanas. El amor derriba los muros de la ciudad, la colorea la llena de su música, y destruye sus ventanas y su transporte público con una sola lágrima. Construye sus cárceles con nuestros propios sueños; alimenta sus pesadillas con nuestras ilusiones desmembradas. Nos vuelve deliciosamente cómplices, victimas, y culpables. El amor, repito, es un escapismo, un atrevimiento frenético a la cursilería, a un cuarto en la penumbra y unos cíclopes felinos, y felices, boca arriba sonriendo. Fumando, haciendo el amor – el amor haciéndolos como diría Cortázar – y esperando.

Esperando, que se yo.



Un escape a la cursilería.